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La educación en tiempos del coronavirus

(Versión completa)

Por: Miguel Angel Vargas Hernández

En redes sociales ha surgido un debate importante con respecto a las modalidades educativas presencial y virtual, a raíz de las quejas de algunos estudiantes y familias, quienes han manifestado una carga excesiva de obligaciones académicas.

La reflexión sobre la carga de trabajo para los estudiantes viene del público en general y a ella se han sumado académicos de una u otra modalidad educativa. Las reflexiones han buscado caracterizar la educación presencial, la educación a distancia y la educación virtual con el fin de hallar o descubrir sus diferencias y semejanzas. La confusión está en considerar que la educación que los estudiantes están recibiendo en sus hogares con la mediación de las tecnologías digitales es educación virtual.

Prácticamente se ha abierto un foro sobre las características de la educación virtual y la educación presencial, todo inició con la decisión del aislamiento social obligatorio.

En medio de las disertaciones surgió la posición de la rectora de la Universidad Escuela de Administración de Negocios (EAN), Brigitte Baptiste, quien ha hecho el llamado a no confundir la educación presencial asistida o mediada con las tecnologías digitales, que es, a su juicio lo que está ocurriendo en este momento.

La discusión merece ser centrada en la función de la educación en tiempos del coronavirus y después de la pandemia y en profundizar lo que entendemos por educación presencial, educación a distancia, educación abierta y educación virtual, términos que no es correcto usar de forma indiscriminada.

Para los profesores, las autoridades educativas, la familia y en general para la sociedad surgen nuevas preguntas en este singular momento: ¿cuál debe ser el fin de la educación en la pandemia y luego de ella desaparezca? ¿dónde deben estar las prioridades pedagógicas y educativas? ¿cómo poder responder a esta urgencia? ¿cómo mejorar el diálogo entre la escuela y la familia, especialmente ahora que la familia tiene una gran carga educativa? ¿cómo apoyar a los profesores en la excesiva carga que implica la atención personalizada en casa con el apoyo y la mediación de las tecnologías? ¿cómo garantizar el derecho a la educación de aquellos niños, adolescentes y jóvenes que no cuentan con acceso a Internet o una línea telefónica?

Me temo, que la discusión no debe centrarse en la modalidad educativa, creo que la discusión debe tornar en la importancia social y cultural que tiene la educación.

La función social de la educación en la coyuntura

El aislamiento social obligatorio, tendrá que irse desmontando de forma paulatina para no morirnos de hambre y para poder abastecernos de lo esencial. Muchas costumbres y hábitos tendrán que cambiar y una gran cantidad de actividades sufrirán cambios irremediables y controles por parte del estado y de la sociedad.

Muy posiblemente los colegios y las universidades van a tener que restringir el ingreso de sus profesores y estudiantes a sus campos de estudio por largo tiempo, hasta que se encuentre un tratamiento efectivo o una vacuna contra el virus.

El aislamiento social es una forma de evitar que el virus se siga expandiendo y encontrando células para su reproducción. Ahora deberemos aprender cómo cooperar, cómo ponernos de acuerdo para controlar de una forma inteligente el virus; y, esta va a ser una nueva misión para la educación.

Estamos frente a un momento histórico que exige creatividad y una gran capacidad de innovación para garantizar una educación con fundamento pedagógico y calidad educativa. Es hora de estrechar lazos con la familia y de articular con la ciencia, el arte, la cultura y con los gobernantes, para ocuparnos de los estudiantes y contribuir con ellos a la comprensión de las múltiples interconexiones y relaciones que surgen. Debemos recordar, que nuestra educación tiene un enfoque muy disciplinar, y muy posiblemente para ellos no va a ser fácil comprender cómo un virus puede afectar la economía y detener el mundo. Hay que hacer una pedagogía para explicar la incertidumbre.

La educación y la salud tienen su momento y no podemos reducir esto a la simpleza de creer que todo está resuelto con una guía, un video, una llamada telefónica, un mensaje por redes sociales o un correo electrónico.

Como lo explica Humberto Maturana (2020), este es un momento histórico particular con una posibilidad inmensa de comunicación y diálogo a través de las tecnologías. Por lo tanto, hay que encontrar formas para cambiar las dinámicas que estamos acostumbrados a seguir, debemos esforzarnos para idear estrategias para mantener un aislamiento físico y afianzar el encuentro social, la cooperación y la ayuda mutua. Es posible que esto que llamamos el virus, termine por cambiar la actual forma de organización, donde predomina lo económico sobre lo humano.

La educación puede dar respuestas útiles a la sociedad y nos puede enseñar a hacer uso del diálogo para construir, para colaborar, para compartir, incluso para que logremos niveles de conciencia planetaria y comunitaria.

La educación articulada con la medicina y los servicios de salud puede contribuir enormemente para aprender a aislarnos sin tener que destruir todo el sistema productivo, para establecer unos vínculos con el medio ambiente y con la biosfera de la que hacemos parte, para aprender a asumir el aislamiento social como una estrategia para contener el virus y evitar que se siga reproduciendo, hasta que desaparezca; para aprender hábitos y costumbres que protejan más nuestra salud, incluso, para participar de una manera más autónoma en nuestros procesos educativos.

Tal vez es un momento importante para preguntarnos como sociedad ¿Qué paradigma es más útil para la humanidad y para la educación: el de la competencia y el aniquilamiento o el de compartir y colaborar?, ¿cuáles deben ser las actitudes y los sentimientos de la relación social sin aislamiento, la del odio y la competencia hasta aniquilarnos, o la del afecto, la colaboración y la confianza comunitaria?

Así como la pandemia a favorecido la solidaridad y ha contribuido para que muchos gobernantes piensen en las personas como una prioridad, también ha favorecido y potenciado los odios y ha puesto un reflector en aquellos para quienes lo único importante y lo más relevante es la riqueza y la ganancia.

Este momento singular y planetario nos debe servir para saber cuál es la educación que necesitamos para ser más autónomos, más sensibles, más conscientes, más útiles para nosotros mismos y para la sociedad, más responsables con nuestra biosfera y con nuestras comunidades, en fin, para buscar una educación más pertinente y significativa.

Dice Edgar Morin que el virus ha desenmascarado la ausencia de una auténtica conciencia planetaria de la humanidad (Morin, 2020). Cada país viene actuando por su cuenta, algunos científicos cooperan entre sí, pero no hay una colaboración planetaria para encontrar una vacuna o un tratamiento médico eficaz para aislar o desintegrar el virus, los grandes conglomerados económicos compiten para ver quien toma la delantera en la invención de una vacuna o un medicamento contra el virus (Ives, 2020), la Fundación Gates quiere el liderazgo, los Estados Unidos buscan con afán mantener su estatus global y las grandes potencias buscan modificar la geopolítica. El panorama mundial ha dado suficientes muestras de que la razón económica es más fuerte que la humanitaria (Morin, 2020).

Nos lo recuerda Edgar Morin, la sanidad y la educación constituyen dos pilares de la dignidad humana porque ambas garantizan el derecho a la vida y al conocimiento, ambas son generadoras de cultura (Morin, 2020), y sus aportes a la humanidad hacen parte de lo que José Antonio Marina y Javier Rambaud han denominado el genoma cultural (Marina y Rambaud, 2018), entendido como aquellos aportes o inventos que se plasman para siempre en la cultura, como por ejemplo la escritura o la regla de oro “no hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti”.

Tal vez es el momento de reflexionar si la educación y la salud deben estar bajo la responsabilidad solidaria y equitativa del estado o si deben seguir el modelo de una educación y salud para ricos beneficiados y para pobres desaventajados.

El debate entre la educación presencial y la virtual

Conviene entender que el fenómeno que se enfrenta hoy para garantizar el derecho a la educación, no es un debate entre la virtualidad y presencialidad. Las circunstancias han obligado y empujado a la sociedad a transformar la educación presencial en una educación en el hogar con la medición de las tecnologías de la información y la comunicación, a partir de los conocimientos y experiencia de los maestros, y con las habilidades mínimas o suficientes en el uso y manejo de las tecnologías digitales.

El debate es importante porque la que tiene que transformarse y exigir cambios es la educación, no sus modalidades (presencial, virtual, abierta y a distancia).

El llamado de atención, en las redes sociales, de la rectora de la EAN es importante y de alto significado, por un lado, porque no es correcto llamar educación virtual a un proceso de adaptación de la educación para garantizar y continuar con uno de los pilares de la dignidad humana, como bien lo expresa Edgar Morin “Ahora no tenemos elección” (Morin, 2020), y por el otro, porque los cambios deben afectar a toda la educación independiente de la modalidad.

La esencia de la educación está mediada por el alto nivel de compromiso de los maestros con sus estudiantes, por su estrecha relación, por su capacidad de influenciar sus vidas, por la autenticidad de los diálogos que se sucedan entre ellos, por el reconocimiento de los unos y de los otros y por el nivel de conciencia de los estudiantes frente a su compromiso con el aprendizaje.

Los maestros con el método de la pregunta enseñan a sus estudiantes cómo aprender algo (Gabriel, 2019). El papel de la enseñanza no está centrado en la capacidad de control a través de la evaluación, ni en el puesto que ocupan los países o las instituciones en los sistemas que los clasifican, “el papel de la enseñanza es sobre todo el de problematizar, a través de un método basado en preguntas y respuestas capaz de estimular el espíritu crítico y autocrítico de los alumnos” (Morin, 2003; 2006; 2020). La pedagogía de la pregunta también es una enseñanza y obra de Paulo Freire (Faundez, 2014).

Es posible que los maestros frente al afán que causó la decisión del gobierno local y nacional del aislamiento social obligatorio, hayan improvisado con guías de estudio y tareas que sobrepasan la capacidad y tiempo de los estudiantes. Sin lugar a dudas esto es un error y pone en evidencia qué es lo que no se debe hacer en tiempos del coronavirus. El papel de la educación no es el de ocupar a los niños y a los jóvenes en largas jornadas de trabajo, en muchas ocasiones sin sentido y sin utilidad para la vida y para la sociedad. Dice el profesor Luis Facundo Maldonado, “no es hora de una educación inútil”, los niños, los adolescentes, los jóvenes y en general las familias esperan una respuesta más actual y pertinente.

Esto es mucho más exigente para la educación inicial, la educación básica y la educación media, por la naturaleza de los niños, adolescentes y jóvenes, y por la función social y educativa del encuentro escolar para el proceso de desarrollo evolutivo, la formación axiológica, el desarrollo afectivo, el desarrollo de las habilidades sociales y la adquisición de nuevos conocimientos y, en general el desarrollo de sus mentes. El ecosistema educativo es imprescindible para los niños y las niñas, y ahora la familia se ve obligada a llenar el vacío de la no cercanía física con los profesores y con los compañeros de estudio, dentro de los que se encuentran los amigos, los compinches, los novios y las novias, los confidentes, los antipáticos e incluso los enemigos.

Lo esencial de la educación es que los maestros están asumiendo una misión profundamente humana equiparable a la que hoy cumplen los médicos, las enfermeras, las bacteriólogas y demás profesionales de la salud. El reto es que la educación logre articularse con la salud, la ciencia, el arte, la política y la cultura en general para contribuir con la dignidad humana.

La esencia de la educación no la determina la modalidad educativa, la buena o mala calidad educativa depende de manera estrecha de la política educativa, del compromiso del estado y de la sociedad para con la educación, de los fines que le asigne la cultura y el momento histórico, del compromiso de los maestros y de sus niveles de formación y del aprecio que la sociedad les asigne, de la importancia y seriedad que el estado y la sociedad sientan por los estudiantes sin ningún tipo de segregación. Y el método importa, tal y como no lo ha venido insistiendo Edgar Morin, desde la educación inicial hay que dar rienda suelta a la imaginación, estimular la fantasía, proteger al máximo la curiosidad para cultivar la reflexión crítica.

Ahora tenemos la urgente misión de acompañar la curiosidad de nuestros estudiantes, su capacidad crítica y autocrítica para que con nuestro acompañamiento y asesoría puedan entender la complejidad que vivimos, para que aprendan a entender: cómo el aislamiento social es para proteger y preservar la vida, y detener el virus; cómo la crisis sanitaria provoca una crisis económica; cómo estos fenómenos producen una crisis social; cómo posiblemente cambien la geopolítica del mundo; y cómo esto produce una crisis existencial.

No sabemos qué vamos a hacer con los estudiantes de la primera infancia, con los niños y niñas, con los adolescentes y con los jóvenes, porque no los podemos tener todo el tiempo en aislamiento social. Y hasta ahora, toda la atención y el esfuerzo del gobierno y del estado se ha enfocado en la crisis económica y social, y no en el futuro de la educación de las generaciones jóvenes y en la función que debe cumplir en tiempos del coronavirus.

La educación, la educación abierta y a distancia y la educación virtual

El origen de la palabra pedagogía que deriva del griego (παιδαγωγική) paidos que significa niño y del agein que significa guiar, conducir. “El que conduce niños”. El concepto de pedagogía ha venido evolucionando en más de dos mil seiscientos años, hoy hablamos de la pedagogía como la disciplina científica que estudia e investiga la educación.

El contexto cultural de nuestra educación es lo que los historiadores han llamado la cultura occidental (Jaramillo, 1990), por esta razón conviene reflexionar sobre el problema de la educación abierta y a distancia y la educación virtual en el devenir histórico de la educación en nuestra cultura.

La educación, como uno de los pilares de la dignidad humana en la actualidad y como dimensión de cambio de la vida y especialmente del ser humano, nace en la cuna de la cultura en Grecia como un privilegio de las élites. En la antigüedad lo fue para la aristocracia monárquica y militar de la cultura griega y posteriormente de la cultura romano-helenística, esta última va desde el siglo tercero antes de la era cristiana aproximadamente hasta el siglo tercero después de cristo. (Jaramillo, 1990).

En la edad media y hasta lo que hemos denominado la modernidad, siguió siendo un privilegio para las aristocracias monárquicas, eclesiásticas, militares, rurales y urbanas.  

Dice el profesor Jaime Jaramillo Uribe “[…] toda la pedagogía anterior a Pestalozzi es estamental, porque se dirige a la formación del hombre de un estamento social… Pestalozzi es el primero en ocuparse de una educación para el hombre del pueblo; su pedagogía es en este sentido una pedagogía social en el sentido más amplio” (Jaramillo, 1990 p. 116).

En la cultura occidental una de las instituciones más representativas son las universidades, en la antigüedad existieron antecedentes importantes en China, Constantinopla, Grecia y otras culturas. Pero la universidad, génesis de la conocemos hoy, tiene su origen en la Europa del siglo XII.

En el siglo XII, se incrementó el número de estudiantes y profesores, se formaron comunidades de profesores que tenían por misión defender sus intereses comunitarios y la disciplina de los estudios. También se formaron corporaciones o ligas de estudiantes para defenderse de los profesores y otras autoridades. Lentamente estas comunidades de profesores y ligas de estudiante fueron pasando de la escuela catedralicia a las universidades, instituciones que adquirieron mayor autonomía frente al canciller, el rey o el obispo. (Abbagnano y Visalberghi, 1964)

Las primeras universidades tienen conglomerados de filosofía, derecho canónico y civil, medicina y teología. Tal vez por las necesidades más importantes en la época eran la salud del cuerpo, el conocimiento de Dios y la propiedad. Estas comunidades de maestros son lo que hoy llamamos facultades.

La universidad procede de las escuelas catedralicias en las que se educaban las élites jóvenes de la aristocracia europea y eclesiástica de la Edad Media. 

En la modernidad pasa por la masificación que le abrió las puertas a los jóvenes y adultos jefes de hogar, hombres y mujeres, trabajadores; en el siglo XX, rompe con la universidad clásica con la explosión del número de estudiantes que en Estados Unidos logró una partición promedio estimada del 56% (Teicher, 1997. En Neave, 2001). 

El lugar de estudio, es otro cambio importante en el proceso evolutivo de la universidad que inicia con las diversas formas de Universidad Abierta que fueron apareciendo en el Reino Unido, la Fernuniversität de Alemania y la Dutch Open University, sistema que hace uso de las comunicaciones masivas para hacer llegar la educación a un número de estudiantes geográficamente disperso (Neave, 2001).

Los principios de democratización y apertura a la educación superior y las condiciones tecnológicas en las que se formalizó la educación abierta y a distancia generaron, en la década del ochenta, su propia crisis y el fuerte cuestionamiento que puso en duda la eficacia de los modelos pedagógicos y sistemas de enseñanza y medios de entrega de contenidos y cursos académicos.

La crítica académica suscito un profundo cuestionamiento a los métodos de enseñar, a la producción de material impreso, a las políticas educativas, al proceso de valoración del aprendizaje y a los procesos de actualización y profundización.

El cuestionamiento trajo consigo nuevos conceptos, estrategias educativas, métodos de enseñanza, ambientes de aprendizaje y el desarrollo de nuevas teorías para la educación abierta y a distancia, dentro de las que se destacan: Teorías de la autonomía y la independencia, teorías de la interacción y la comunicación, teorías de la industrialización, teorías de la calidad de la educación.

Estas nuevas teorías trasladaron la reflexión pedagógica de la enseñanza, la gestión educativa y la trasmisión de información al aprendizaje, la conformación flexible de grupos de estudio, la conformación de redes de investigación y estudio. Y, orientaron la atención de los investigadores al problema del aprendizaje, la socialización del saber y la producción de conocimiento pertinente.

El logro a destacar de la crisis, reposa de forma fundamental, en que la educación abierta y a distancia deja a tras esa visión fragmentaria de suplir carencias. 

La educación virtual en la década de los años noventa recoge los paradigmas de la educación a distancia, la educación abierta y los complementa con las nuevas posibilidades que brinda el ciberespacio como el lugar en el que tiene lugar hoy la educación virtual.

En opinión de Nelly Villalobos (Roldan, 2005) existen dos tipos de antecedentes de la educación abierta y a distancia, uno de carácter tecnológico y otro ideológico. 

El carácter tecnológico esta dado por el desarrollo de los medios de comunicación, lo que hizo que las primeras experiencias se desarrollaran con apoyo en el correo, la radio y la televisión hasta llegar al uso de las TIC. Los medios de comunicación se concibieron como “componentes de un sistema integrado de enseñanza” basado en la utilización de guías, textos impresos, enseñanza por correspondencia, asesoría, discusiones grupales, cursos presenciales cortos.

“El otro antecedente, de carácter ideológico, está marcado por los principios de democratización de la enseñanza y justicia social frente a las desigualdades educativas, mismos que adquirieron gran relevancia ante la explosión demográfica de los años 55-66, del siglo XX, lo cual impuso la apremiante necesidad de atender la demanda educativa a todos los niveles. En este sentido, la idea de ofrecer y proveer oportunidades de estudio a una población que por diversas razones no había tenido acceso a ellas vía la universidad convencional, fue el propósito central de la creación de La Open University, extensivo a otras latitudes y experiencias mundiales” (Roldan, 2005).

Aproximación al concepto de educación virtual

La educación a través o con el apoyo de las tecnologías de la información y la comunicación recibe diversos nombres, los más comunes son educación virtual, e-learning (electronic learning) en español aprendizaje electrónico, educación en línea, educación en ambientes educativos virtuales. 

La educación virtual es una nueva forma de hacer educación, que se apoya y desarrolla con y en las TIC, y en la que se simula el encuentro entre los estudiantes y los profesores y su relación con el conocimiento. 

En la perspectiva de la virtualidad como apariencia de realidad, lo que es aparente, en la educación virtual, es que los profesores y los estudiantes para enseñar y para aprender ocupan un mismo espacio en tiempos determinados; y lo que es real es la comunicación, la interacción, la orientación, la enseñanza, el aprendizaje, la evaluación y los sistemas que certifican lo estudiado y aprendido, que comúnmente llamamos títulos o certificados de competencias laborales.

Aquí la ilusión es que el profesor y el estudiante para el desarrollo del proceso educativo se encuentran presentes en un mismo espacio y momento, dice Pierre Levy “En filosofía escolástica, lo virtual es aquello que existe en potencia, pero no en acto. Lo virtual tiende a actualizarse, aunque no se concretiza de un modo efectivo o formal. El árbol está virtualmente en la semilla” (Levy, 1999. Pág. 17).

La educación virtual evoluciona de otras formas que han recibido diferentes nombres tales como educación a distancia y educación abierta. Cada una de las cuales ha surgido en diferente momento histórico y para atender necesidades particulares.

No es lo mismo la educación presencial, que tiene una larga historia, que la educación a distancia, la educación abierta o la educación virtual. Cada una de ellas tiene su propia conceptualización y responde a necesidades sociales y culturales diferentes y han tenido fines y formas de operación particulares con sus propias metodologías. Con diferentes formas de planeación del proceso educativo y el uso de diferentes tecnologías para la divulgación y socialización del conocimiento y la información. El libro y la imprenta es común a todas.

Con esto, se enfatiza que educación virtual evoluciona de la educación a distancia y de la educación abierta y que no es antagónica a la educación presencial, pero si es diferente. La educación virtual no es excluyente de la educación presencial y en ella converge y se potencian muchos de los aspectos que encontraron un gran desarrollo en las modalidades educativas que la antecedieron. En esencia, todas estas modalidades se ocupan del mismo fenómeno, la educación, a todas les interesa el ser humano y la vida en esta perspectiva o dimensión.

La educación virtual responde a necesidades sociales, económicas, culturales y pedagógicas de gran importancia, nunca antes había existido una alta demanda de la educación superior como ahora. Uno de los problemas más complejos que enfrentan los países pobres es disponer de los suficientes recursos económicos, humanos y técnicos para poder satisfacer la alta demanda. Dice Pierre Lévy “No se podrá aumentar el número de enseñantes proporcionalmente a la demanda de formación, que es en todos los países del mundo, cada vez más masiva y diversa” (Lévy, 2007).

La educación virtual surge con el desarrollo de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), es una nueva forma, muy reciente, en la que también se ha tenido una evolución acelerada como consecuencia del progreso y desarrollo de la computación, el software, las redes, los protocolos de comunicación, la psicología educativa, la neurología, la ecología, la sociología de la educación, la teoría cognitiva, la inteligencia artificial, la cibernética y ahora el Internet de las cosas y el big data.

En la educación virtual, como se le dice de forma generalizada en el idioma español o e-learning en inglés, la comunicación cobra una importancia relevante, especialmente porque “apunta al conjunto de reglas que una persona, un agente o un entidad – de hecho, cualquier sistema adaptativo complejo- es capaz de leer o descifrar” (Christian, 2019. Pág. 97).

Los ambientes educativos virtuales se diseñan y construyen en un medio particular que para algunos especialistas recibe el nombre de ciberespacio (Gibson, 1984), nombre empleado por primera vez por William Gibson en una novela de ciencia ficción publicada en el año de 1984. 

El término ciberespacio hace relación al espacio virtual creado en la interconexión de diversos dispositivos que al vincularse en red producen un sistema interconectado a nivel planetario, que se caracteriza por tener diversos recursos de información y comunicación disponibles en red, donde las personas pueden interactuar entre sí y con cosas a través de las tecnologías de la información y la comunicación. Otro termino generalizado para referirse al ciberespacio es Internet, la red de redes. Pero el ciberespacio abarca Internet y todo el sistema interconectado a nivel planetario.

Una característica fundamental del ciberespacio es que las barreras físicas no son un obstáculo y las dimensiones de tiempo y espacio adquieren dinámicas diferentes posibilitando la comunicación sincrónica, asincrónica y en diferentes lugares de forma exclusiva o concurrente. Esto es, el profesor o el estudiante puede comunicarse con diferentes personas ubicadas en diferentes lugares del planeta en un mismo instante o en momentos diferentes, compartiendo el mismo mensaje, o puede comunicarse con cosas diferentes en un mismo instante y ubicadas en diferentes lugares del mundo, o puede recibir información en un mismo instante de diversas personas o cosas ubicadas en diferentes lugares del planeta.

Para que la educación sea posible en el ciberespacio o en Internet se necesita que esas máquinas constituidas por hardware y software tengan interfaces que posibiliten la comunicación de las personas con las máquinas. Aquí se habla de la interfaz como una gramática, esto es, como un conjunto de reglas, protocolos y procedimientos que permiten, facilitan y posibilitan la comunicación entre el hombre y la máquina (Scolari, 2004). Para Pierre Lévy la interfaz es una “red cognitiva de interacciones” (Lévy, 1992 en Scolari, 2004).

La interfaz posibilita el diálogo entre la máquina y el estudiante, entre el profesor y el estudiante, entre los estudiantes, entre los profesores o entre estos y otras comunidades. Nuestro sistema perceptual es la interfaz que nos posibilita la comunicación de nuestra mente con el medio, en realidad vemos, escuchamos, olfateamos, sentimos, degustamos con el cerebro a través de nuestros ojos, oídos, nariz, piel, boca donde está la lengua.

El proceso es más complejo de los que imaginamos, dice Llinás: “Ver no es una función primaria, como se cree, sino el resultado de comprobar patrones de actividad cortical que producen diferentes imágenes en la retina, con patrones de actividad que se encuentran almacenados en el cerebro y que constituyen la memoria. Estos patrones no son puramente visuales si no el resultado de la interactividad de todos los órganos sensoriales” (Correa, 2017 Pág. 53).

Lo que Rodolfo Llinás explica, es que no vemos con los ojos, vemos con el cerebro y las imágenes que el cerebro fija dependen de la información que le llegue y por el canal perceptual que le llegue durante la vida de una persona, esto es, para Llinás “la visión no es un acto inmediato, sino un acto de relación entre información suministrada por otros sentidos, la memoria y la nueva información visual percibida” (Correa, 2017. Pág. 53).

Pero para que la comunicación posibilite más que un intercambio de datos, es necesario un lenguaje que garantice una comunicación amplia capaz de crear y comunicar metáforas, desplegar imaginación y crear realidades. 

Para que la educación sea posible debe haber conocimientos que se deseen aprender y un conocimiento pedagógico para mediar las interfaces y la información con el propósito de que los estudiantes aprendan conocimientos, aprendan a aprender y formen un sentido crítico de la vida, la sociedad y la cultura.

La esencia de la educación no la determina la modalidad educativa, la buena o mala calidad educativa depende de manera estrecha de la política educativa, del compromiso del estado y de la sociedad para con la educación, de los fines que le asigne la cultura y el momento histórico, del compromiso de los maestros y de sus niveles de formación y del aprecio que la sociedad les asigne, de la importancia y seriedad que el estado y la sociedad sientan por los estudiantes sin ningún tipo segregación. Y el método importa, tal y como no lo ha venido insistiendo Edgar Morin, desde la educación inicial hay que dar rienda suelta a la imaginación, estimular la fantasía, proteger al máximo la curiosidad para cultivar la reflexión crítica. “El papel de la enseñanza es sobre todo el de problematizar, a través de un método basado en preguntas y respuestas capaz de estimular el espíritu crítico y autocrítico de los alumnos” (Morin, 2020), (Morin, 2003; 2006), pero no solo Morin nos ha dado esa enseñanza, también no la han compartido otros pedagogos como Freire (Freire y Faundez, 2014)

Ahora, tenemos la urgente misión de acompañar la curiosidad de nuestros estudiantes, su capacidad crítica y autocrítica para que con nuestro acompañamiento y asesoría puedan entender la complejidad que vivimos, para que aprendan a entender: cómo el aislamiento social es para proteger y preservar la vida y detener el virus, cómo la crisis sanitaria provoca una crisis económica, y como estos fenómenos producen una crisis social, cómo posiblemente cambien la geopolítica del mundo, y cómo esto produce una crisis existencial.

No sabemos qué vamos a hacer con los estudiantes de la primera infancia, con los niños y niñas, con los adolescentes y con los jóvenes, porque no los podemos tener todo el tiempo en aislamiento social. Y hasta ahora, toda la atención y el esfuerzo del gobierno y del estado se ha enfocado en la crisis económica y social, y no en el futuro de la educación de las generaciones jóvenes y en la función que debe cumplir en tiempos del coronavirus. 

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